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domingo, 1 de noviembre de 2015

Un lugar como tantos en LA MATANZA Y QUE LAMENTABLEMENTE CRECEN POR FALTA DE POLITICAS QUE LOS CONTENGAN Y SE OCUPEN...

Puerta de Hierro es un lugar olvidado. Para entrar en sus pasillos es inevitable esquivar a algún chico tirado, que duerme en el piso: "Un fisurita", como les dicen en el barrio. El que dormía en la entrada ese viernes, cuando LA NACION recorrió la villa, no tenía 15 años y, aunque hacían casi 30 grados, estaba tapado con una manta: preparado para aguantar varios días drogado.


Según los vecinos, en un tercio de las más de 500 viviendas que componen este barrio de La Matanza se vende paco. Los "transas" pagan 300 pesos la noche a los que les guardan la droga en sus casas. Y a los que "contratan" para fraccionarla les pagan 500. Guardar, fraccionar o atraer clientes: ésa es la oferta. El "transa" le dice al chico que se pare en la avenida Crovara y le traiga a los que quieran comprar. Unos pesos o una "base" serán el pago.
Puerta de Hierro es un territorio abandonado, al que el Estado no ha entrado. Allí, el drama de la droga, la violencia y los homicidios se desarrolla sin que la policía, la Justicia o la política -municipal, provincial- impongan la ley o se asienten con acciones para torcer el oscuro destino.

 "Según los vecinos, en un tercio de las más de 500 viviendas que componen este barrio de La Matanza se vende paco "

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"Hay chicos que dan lástima", cuenta Isabel, una vecina que todos los sábados alimenta a los chicos en el único comedor del barrio. El efecto visible de la pasta base en los más chicos, que van de los 9 a los 15 años, es el envejecimiento. La piel empieza a volvérseles gris, arrugada, y a los más grandes se les caen los dientes. A algunos, incluso, les han amputado las piernas o los brazos por infecciones que avanzaban mientras ellos permanecían hundidos en su letargo tóxico. Es por esto que a los transas allí los llaman "arruinaguachos", los que matan lentamente a los pibes adictos.


"Los niños de 4 años saben de qué se trata el circuito de consumo. Camila, una nena que participa del hogar de día de la Fundación Cadena, dice en su media lengua: «Mi hermana está con eso que comen los fisuritas; con la pasta base. Ella lleva y vende en el tren»." Eso describe un informe elaborado por el Instituto de Investigación sobre Jóvenes, Violencia y Adicciones que habla del tren como elemento determinante en la venta de droga en Puerta de Hierro.
La estación Villegas, del ferrocarril Belgrano Sur, está en la entrada de la villa. Es una gran oportunidad para el negocio. Cuando los dos trenes se cruzan, el que va y el que vuelve, se bajan corriendo entre 100 y 200 personas corriendo, con el tren en movimiento, a comprar droga. Y vuelven a correr. Si no agarran el que los devuelve a la Capital, quedan a merced de ser asaltados por los mismos que les vendieron la droga.
Así ocurrió el último homicidio en el lugar, según contó a LA NACION un fiscal de La Matanza, que pidió reserva de su identidad. "Dentro de Puerta de Hierro las peleas son por territorio o por narcotráfico. Ahí adentro hay poca presencia del Estado y mucha autorregulación. Es difícil entrar. Cuando hay un homicidio nosotros sólo vamos si nos pueden garantizar que saldremos con vida. Hay veces que la policía nos advierte que no salimos, y no vamos. Cuando vamos, tiran piedras a la policía y esconden a los muertos. La gente está a merced de eso", sostuvo.
Un ex jefe policial de La Matanza desmiente que los uniformados no entren allí, pero admitió: "Es un lugar pesado. Hay muchos chicos adictos al paco y gran cantidad de gente que delinque. Mucha gente armada. Antes de entrar hay que tomar muchas precauciones, pero no entra el que no quiere". Resume: es un lugar donde hay "mucho paquero".
Dicen los vecinos que a la altura de las vías del tren hay chicas de 15 años que se prostituyen para comprar paco. Cobran poco, porque la bolsa es barata: 5 pesos. La mitad de un sachet de leche. Lo mismo que un alfajor.
"Puerta de Hierro es el ejemplo de lo que no hemos hecho como Estado, como política y como sociedad. El Estado va diez años atrás de la problemática del paco", dijo Fernando "Chino" Navarro, jefe del bloque del Frente para la Victoria en Diputados y creador del Instituto.
 "Dicen los vecinos que a la altura de las vías del tren hay chicas de 15 años que se prostituyen para comprar paco. Cobran poco, porque la bolsa es barata: 5 pesos "

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Su intención fue, primero, hacer un diagnóstico que permita tener datos y certezas respecto de los jóvenes, la violencia, la droga y el narcocrimen en los distintos barrios de la provincia de Buenos Aires para, después, poder idear políticas públicas que mejoren la situación.

"Hace falta penetrar con más firmeza del Estado. Hace falta que el crecimiento que se dio en la provincia ahora se pueda dar en esos lugares donde el Estado no ha podido entrar", reconoció a su vez el jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez, al ser consultado por LA NACION sobre Puerta de Hierro.

Puerta de Hierro, un lugar olvidado, en sus pasillos es inevitable esquivar chicos tirados que duermen en el piso: "Un fisurita", como les dicen en el barrio. Foto: LA NACION / Santiago Hafford
Ahí donde el Estado no pudo entrar vive Rubén Virgilio, un chico de 26 años al que le dicen "Pipeta". Lo que el paco le quitó fue, entre otras cosas, poder disfrutar del momento en que su hija mayor empezó a caminar. No sólo eso. Una vez, cuenta, casi se le muere la beba en sus brazos. Era uno de esos tantos días en que estaba con un amigo fumando pasta base. La mujer le había dejado a su hija para que la cuidara mientras ella iba a buscar los medicamentos para curarle la fiebre. Cuando Pipeta fue a mirar la cuna vio que a la nena le salía espuma blanca por la boca. Su amigo, apenas más consciente que él, le insistió con llevarla a la salita. Pero no fue ante esa situación que Pipeta se "rescató". Tuvo que nacer su segundo hijo para que a él le hiciera el clic y pudiera decir el primer no.
Cuando era chico Pipeta quería ser "chorro". Sus padres habían robado para vivir y él pensaba que debía reivindicar ese oficio. Antes de cumplir los 10, ya era huérfano. Estuvo viviendo en distintos barrios, en la casa de familiares o amigos, incluso en la calle. Pero su objetivo siempre era volver a Puerta de Hierro, donde habían vivido sus padres, y ser "chorro". Cuando volvió, el paco lo captó antes que el robo y estuvo cuatro años sin poder dejarlo.
"Tomamos conciencia del fenómeno del paco a mediados de 2005", dijo el diputado Navarro, haciendo un mea culpa. El Padre Basilicio Brítez, "Bachi", un cura que tiene su parroquia y un hogar para varones en Villa Palito, muy cerca del triángulo que componen Puerta de Hierro, San Petersburgo y 17 de Marzo, dice que ahí todos los miran, pero nadie los ve.
"En el triángulo parece que el Estado no existe", dice. Y define Puerta de Hierro como el lugar donde La Matanza "se sigue desangrando". "No puede ser que se descubra recién ahora que ahí [en Puerta de Hierro] está el supermercado del paco".
Se lee en el informe del Instituto: "En las entrevistas con chicos de La Matanza y el equipo de psicólogos del CPA [Centro de Prevención de Adicciones] de San Justo, surge que Puerta de Hierro es el centro de abastecimiento de paco de esa zona del conurbano".
La villa es una de las más peligrosas del conurbano. Por eso, a los que tienen la dirección de Puerta de Hierro nadie los quiere contratar. Algunos eligen cambiarse el domicilio en el documento, aunque en la práctica no tengan adónde ir.
 "La villa es una de las más peligrosas del conurbano. Por eso, a los que tienen la dirección de Puerta de Hierro nadie los quiere contratar "

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Los vecinos que se quedan dicen que la policía no les da seguridad. La policía es, según ellos, una de las culpables de esta situación: la que les cobra una coima a los "transas" y después, cuando tienen que allanar, "justo se equivocan" y le sacan las pertenencias a la casa de al lado de la del "transa" señalado.
"La oferta [de paco] es muy grande y es permanente", cuenta Damián Bravo, que coordina el único programa con presencia en la villa: el Podés, cuyo fin es ayudar a que los jóvenes permanezcan o vuelvan a la escuela.
La biblioteca es un espacio donde se puede encontrar a los chicos haciendo actividades recreativas, hasta murga. Pero eso es todo. Para recuperar a los más chicos los vecinos insisten en que faltan lugares para recreación. En Puerta de Hierro no hay un solo club de fútbol o polideportivo cercano. "Acá no tenemos nada que genere deportes. Acá no viene nadie, estamos olvidados", dice Pipeta.
LA NACION preguntó al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, por la villa Puerta de Hierro. "Ehhh... Lo que nosotros hicimos en estos años no se hizo en toda la historia de La Matanza. Nosotros somos el primer lugar de la Argentina que urbanizó una villa de emergencia. Macri no lo hizo con los 81.000 millones que tiene, nosotros lo hicimos con los 3000 millones que tenemos", dijo el candidato a gobernador por el Frente para la Victoria, que se postula porque, según él, transformó a La Matanza "de la capital de la desigualdad a la capital nacional del trabajo".
También le preguntó LA NACION qué falta hacer en esta villa en particular. "La solución es urbanizar. Somos el lugar de la Argentina que más urbanización hizo. Vienen de todas partes del mundo a vernos. A través de cooperativas hacemos viviendas con todos los servicios, luz, cloacas, gas natural, asfalto; terminar con lo que es la villa y que sea un barrio como la gente. Los próximos barrios son Puerta de Hierro y San Petersburgo".
 "Diego, hermano de Jonathan, cuenta: 'Hay pibes que están amanecidos hace 15 días. Los ves y parecen zombis. A mí me pasó' "

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Jonathan Muñoz consumió durante ocho años. Empezó a fumar paco a los 13. Cuando se internó en el centro de rehabilitación "José María Jorge", de Burzaco, ya tenía dos chicos. Su hijo lloraba cuando lo iba a visitar, quería que se fuera con ellos a casa. Pero Jonathan sabía que si volvía a ese entorno no se recuperaría.
"Yo me drogaba delante de mi hijo", admite Jonathan. La primera semana internado se quería ir. Estuvo 10 días tomando calmantes hasta que se le fue el efecto más fuerte de la abstinencia. "Lo necesitaba porque no quería tirar todo a la mierda".
Ahora Jonathan encierra a sus hijos de 13 y 6 años en la casa. Si alguno quiere ir hasta el quiosco, lo acompaña; caminan juntos, casi pegados: apenas entran los dos en el pasillo de cemento roto que hace de calle. Cuando salen de ese laberinto, a lo lejos se ve un descampado desde donde sale humo: los "fisuritas" arman un fuego, inexplicable por los 30 grados. Hay más basura que árboles. Aunque está despejado, el peligro para los hijos de Jonathan es tan denso como el humo del paco. En cinco segundos puede desatarse un tiroteo, o algún pibe puede ponerse a fumar pasta base frente a los chicos. Pipeta quiere irse de la villa. La tentación está al alcance de la mano, en muchas esquinas. Ellos mismos, cuando querían recuperarse, evitaban salir de sus casas por semanas enteras.
Muchas veces debaten entre ellos por qué el paco tomó el barrio. Jonathan opina que "es una cuestión económica, porque es una droga muy barata. Un papel de 5 pesos te sirve para un pipazo". Pipeta coincide, pero hay un detalle que le parece esencial: "Si la policía estuviera acá todos los días los pibes andarían con más cuidado. Se murieron un par de pibes. Dicen que le estuvieron poniendo veneno para ratas al paco".
Diego, hermano de Jonathan, cuenta: "Hay pibes que están amanecidos hace 15 días. Los ves y parecen zombis. A mí me pasó". Pipeta no llegó a tanto sin dormir, pero dice que la droga le dejó huellas: "Hoy, por eso, soy friolento. Yo me abrigaba tanto, me ponía tres camperas, dos pantalones, pensando en estar tres días «amanecido»". Diego y Jonathan ahora trabajan haciendo conexiones de agua en una cooperativa de Argentina Trabaja. Pipeta es el capataz de una obra de veredas.
Los chicos grises. Un joven muestra un Snoopy paquero, que sostiene con sus manos ennegrecidas por fumar paco; el efecto más evidente del consumo es el envejecimiento precoz
http://www.lanacion.com.ar/1774825-puerta-de-hierro-territorio-abandonado-y-arrasado-por-el-paco

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