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viernes, 13 de junio de 2014

A LA LARGA EL TRABAJO Q SE HACE COMO HORMIGUITA SALE A LA LUZ.... FELICITACIONES MADRES DEL PACO!

Madres autoconvocadas para luchar contra el 'paco'


La adicción a los estupefacientes y la exclusión social no son problemas familiares, sino un asunto de salud pública. Así lo entendieron las madres de chicas y chicos adictos al 'paco', la droga de los excluidos, en Buenos Aires. Por eso, después de superar el estigma, se organizaron y están en pie de lucha. Conoce lo que han conseguido en sensibilización y en políticas públicas.
Los jueves las podés ver en la Plaza de Mayo, con sus pañuelos negros.

En Buenos Aires, el problema de la adicción al paco (droga elaborada con los restos de la cocaína, similar al crack) causó estragos entre la población más excluida socialmente, especialmente en los menores de 14 años. Se registraron cuadros clínicos crónicos dado el deterioro físico y neurológico de niñas, niños y adolescentes que durante seis meses consumieron paco, lo que llevó a la movilización de grupos de madres –dentro de Capital Federal y del conurbano bonaerense- para demandar el derecho a la vida y a la salud, la asistencia 24 horas en los hospitales públicos para desintoxicaciones de personas con crisis de abstinencia, y la ampliación de cupos para las derivaciones a comunidades terapéuticas o granjas.
La dosis de paco está compuesta por sustancias como el alcaloide de cocaína, cafeína, bicarbonato de sodio y anfetaminas. Según la definición del Comité Científico Asesor en Materia de Control de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja pesa entre 0,01 y 0,03 gramos, tiene un efecto tan efímero como mortífero para todo el organismo, lo que genera una rápida dependencia, con aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias. De acuerdo con las versiones de las madres, la primera probada de pacoprovoca vómitos, diarrea y mucha sed hasta que el organismo asimila la sustancia. Luego, con el aumento del consumo aparece la pérdida de peso y el delirio de persecución que podría, incluso, llevar a la persona consumidora a un intento de suicidio. El paco alteró los patrones de consumo de estupefacientes. Es decir, si la persona consumidora llevaba un control diario para no se excederse de determinadas dosis de cocaína, al probar el paco se vuelve un policonsumidor que acepta cualquier sustancia que esté a su alcance, más allá de su precio, calidad y efectos.
En un primero momento, las madres eligieron la vía coercitiva en su afán de proteger a sus hijas e hijos y dada la desesperación por su estado de salud y desamparo. Ellas apelaron ante los tribunales de familia al artículo 482 del Código Civil que estipula una internación por protección de persona para que la Secretaría para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) gestionara la internación inmediata en comunidades terapéuticas -algunos casos fueron tratados en instituciones psiquiátricas por falta de cupos-.
No existiendo parámetros ni centros especializados para el tratamiento de las personas consumidoras de paco, en 2006, el titular de la Asesoría Tutelar Nº 1 del Ministerio Público de la Ciudad, presentó un amparo judicial para exigirle al Gobierno de la Ciudad la “urgente presentación y ejecución de un programa específico”, lo que implicaba establecer lugares para el tratamiento -voluntario o coactivo- cerca o dentro de las villas. En consecuencia, el jefe de Gobierno Jorge Telerman en diciembre de 2006 impulsó el Plan de Atención Integral sobre Consumo y Dependencia de PBC. Al año siguiente, se abrieron Centros de Asistencia Social en Adicciones (CASAS)para la atención gratuita a niños, niñas y adolescentes afectados:Casa Puerto actuó como centro ambulatorio y Casa Flores funcionó como una casa de día con consultorios externos dirigida a mayores de 18 años. En seguida, en 2008, se integró al plan la Casa Faro para situaciones de alta vulnerabilidad. Para 2010, la Legislatura de Buenos Aires editó la “Guía de Orientación a la Magistratura para la adecuada atención de personas consumidoras de sustancias psicoadictivas”, en dicha publicación se dejó asentada la significativa participación de actores sociales, como las Madres en Lucha contra el Paco.
En Argentina es meritorio el giro de la política de drogas, a través de la decisión de la Corte de aceptar la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, ocurrido en agosto 2009 cuando declaró la inconstitucionalidad del artículo 14 de la ley 23.737 y exhortó “a adoptar medidas de salud preventivas, con información y educación disuasiva del consumo, enfocada sobre todo en los grupos más vulnerables”. Este fallo judicial contribuyó a la desjudicialización del usuario, quien ya no sería obligado a realizar un tratamiento si era encontrado en su poder algún cigarro de marihuana. El tema que quedó para el debate fue la aprobación del Senado argentino de la ley de Reforma Penal Juvenil que bajó la edad de imputabilidad penal de los menores aplicable a las personas menores de 18 años en conflicto con la legislación penal, es decir, la responsabilidad penal alcanzará a los jóvenes de 14 años de edad, ocurrido en julio de 2009.
Cabe destacar que la mayor parte de colectivos de madres están en total desacuerdo con la despenalización. Para 2011, en el Primer Encuentro Nacional de Organizaciones que Luchan contra el Narcotráfico y las Adicciones, las organizaciones convocadas firmaron el denominado Documento de Goya donde piden al Estado que no se avance en la legalización de la tenencia de drogas ni que se permita el cultivo de marihuana ni la comercialización de insumos para su producción y consumo. También solicitaron la inconstitucionalidad de la nueva Ley de Salud Mental, que se frenen los proyectos jurídicos de Reducción de Daños, y la inclusión de las ONGs en el marco del Consejo Federal de Drogas -que reúne mensualmente a las autoridades provinciales encargadas de definir junto a la Sedronar la política nacional de prevención y asistencia de las adicciones-.

Facilitadoras comunitarias de la Salud
Dentro de los colectivos de madres se relata que el primer paso fue dejar la vergüenza, dialogar y solidarizarse para entender lo que iba sucediendo en sus casas y en sus vecindarios con los jóvenes y las familias afectadas; involucrándose con sus pares en los procesos de capacitación. Algunas, de hecho, recibieron becas para entrenarse como promotoras sectoriales. Luego, asumir el compromiso para iniciar una lucha a tiempo completo, reeditando valores de responsabilidad social, para lograr visibilizar la problemática del paco. Con el activismo, las madres resignifican la experiencia femenina, reelaboran la maternidad haciendo desde lo individual, lo colectivo, y trabajando en el diseño de políticas públicas para vehiculizar la emergencia que generó el consumo de paco. Marta Gómez, del Movimiento Madres en Lucha Línea Fundadora, aclara: “Fui entendiendo el tejido social que fui armando y construyendo, nuclearte con otras madres, de poderlas hacer hablar de todo aquello que tienen dentro, de poderlas hacer trabajar dentro del territorio. Fui abriendo puertas, enterándome de un montón de cosas, de dónde existían recursos para la problemática de tu hijo, llámese paco, cocaína, cualquier adicción. Estas imbuida en todos tus quilombos, en tener que pagar las cuentas, vivís todo ese rollo, y como que piensas que para qué saber si nunca me va a pasar tener un conflicto de adicción. Vos te la crees, que criaste bien a tus hijos, ellos son buenos, y de tus errores una retoma. Yo fui una de esas. Tras involucrarme en la lucha contra el paco, el primer y fundamental cambio fue entender que uno solo no puede salir del problema, individualmente, si lo volcás en un colectivo es más fácil porque te apoyas de otras personas consumidoras o no, para hacer tu dolor menos doloroso, y entender que apoyándote en el otro -que es tu vecina, tu amiga, tu compañera, de la organización o un familiar- podés ayudarte a salir. Y el construir una herramienta y no quedarnos en el dolor, en el llanto, en la espera de que lo resuelva otro por vos, sino agarrar la posta y de esta circunstancia hacemos una herramienta y nos ponemos a trabajar. Tenemos un saber empírico desde el cual no somos ni médicos ni profesionales, lo que tenés y lo que ofrecés es la experiencia de ser una consumidora, de trabajar con nosotros si es que te recuperaste y podés salvar a otros, entonces vas construyendo saberes, y ver de qué manera combatimos el paco, no hay una receta mágica”.
En el aprendizaje de la lucha contra la adicción, las integrantes de los colectivos experimentaron sensaciones de culpa y compensación con la situación de sus hijos. El estado de culpabilidad era debido al fracaso porque algún familiar se insertó en un ambiente no deseado donde su vida corría riesgo, lo que conlleva una carga significativa para la madre porque se desestabiliza, no sabe de qué manera responder, es la que debe entender y apoyar incondicionalmente a su hija o hijo, mientras que la figura paterna queda indefinida. Bilma Acuña, titular de la Red de Madres en Lucha contra el consumo de Paco, da fe de ello: “No me parece que toda la carga sea a la familia, está la escuela, la misma sociedad. Sucede en nuestra situación, cuando una mamá tiene que salir a ganarse el pan y dejar a los chicos solos. Somos las mujeres las que nos preocupamos por nuestros hijos. Las madres somos culpabilizadas, unas por sobreprotectoras y otras por abandonarles mientras se trabaja. Hay un sector del Estado que también responsabiliza a las madres, me parece que es una sociedad donde no hay igualdad. Las mujeres salen, y siempre estamos convocando para capacitarse, para ser protagonista del dolor, para no quedarnos inmóviles”.
Por su parte, Marta Gómez reflexiona: “Muchas mujeres por la problemática de hijos adictos terminan separándose. Casi siempre porque la mochila la lleva la madre puesto que el padre, sin querer, tiene una ausencia afectiva y hasta monetaria; no se banca como uno la vergüenza de hijos adictos. Entonces las madres terminan sufriendo por partida doble, al perder su pareja y sus hijos”.
La idea es que cada nueva persona que se integra a los diversos colectivos replique una red de contención para las madres y las familias afectadas, que provea de fortaleza colectiva para encarar el problema, involucrándose en el proceso de rehabilitación y reinserción de los suyos aún cuando se den múltiples recaídas. Alicia Romero e Isabel Vázquez, de Madres contra el Paco y por la Vida del conurbano sur, de Lomas de Zamora, explican: “Queremos recuperar los espacios públicos para que las calles y las plazas vuelvan a ser puntos de encuentro y de reunión de los pibes en los barrios y no espacios dominados por el tráfico. Vamos a participar en la elaboración de propuestas y soluciones, porque somos las que venimos enfrentando este drama desde el principio, cuando el Estado todavía no había tomado nota de su existencia” . 
María Isabel Rego, de la Asociación Madres Guiando La Vida, promovió “alzar la voz” entre las madres que viven el problema delpaco: “Todas teníamos algo en común, un hijo/a que necesitaba de nuestra ayuda, eso nos unió y decidimos hacer algo más que tener un problema, sino sostenernos y salir a buscar soluciones. En esa búsqueda, golpeando puertas, gestionando, reclamando políticas públicas, solicitando a los funcionarios que tomen responsabilidades ante nuestros pedidos, de atención sanitaria, prevención entre otras cosas. En una palabra: ‘Alzar la voz’. Una compañera pudo conseguir, presentándose en los medios de comunicación, que los Hospitales Fernández, Santollani, y próximamente el Penna tengan en cuenta, de atender a los chicos que llegan intoxicados debido a las drogas. Pocos son los funcionarios que nos han atendido, pero seguiremos firmes en esta lucha, porque ya no son nuestros hijos, son los hijos de todas. Decimos que el paco es igual a muerte, esto es un genocidio silencioso.’No a las drogas’ son nuestros carteles los días Jueves a las 11hs., en Plaza de Mayo, usamos pañuelos negros en señal de duelo ante este exterminio de jóvenes Argentinos. Las mujeres no hemos paridos hijos en nuestra patria para que se abusen de su vulnerabilidad, reconozcamos que nuestros hijos, nunca serán los mismos, ya sabemos que sus cerebros tendrán graves consecuencias, serán estigmatizados y discriminados y lo que es peor sin futuro inminente”.
Los colectivos de madres fueron probando estrategias para visibilizar en la agenda pública el crecimiento del microtráfico del paco en sus territorios y la desesperación que las perturbaba por el quebranto de sus hijas e hijos. La primera gestión la dio María Rosa González del barrio Ciudad Oculta, a través del corte de la avenida Eva Perón, en el año 2003, en su empeño por lograr respaldo para la internación de su hijo de 17 años, Jeremías. Desde 2004, un grupo dirigido por Bilma Acuña realizó escraches contra los vendedores de drogas de Ciudad Oculta al punto de conseguir que la Justicia condenara a ochos años de prisión a uno de los acusados (Isidro Ibarra Ramírez), en febrero de 2007. Otra maniobra de algunas agrupaciones fue convocar a rondas alrededor de la Pirámide de Mayo, cada jueves desde 2009, luciendo un pañuelo negro y encabezadas por Rita Díaz, Graciela Izquierdo, Gloria Martínez y María Isabel Rego. En el Primer Encuentro Nacional de Madres del Paco, en abril de 2010, difundieron un petitorio titulado“Para que sepan porque luchamos, para que nos entiendan”, donde demandaron: “La declaración inmediata de emergencia en todo el territorio nacional por la epidemia que nos azota: el paco, la cocaína, la marihuana, la venta liberada de psicofármacos, etcétera. (…) Entendemos que la solicitud de esta medida extrema pretende detener el genocidio de hijos y de nietos que están en peligro y pueden así, no concretar un proyecto de vida. Nosotras como madres salimos a luchar movilizadas por el dolor y la impotencia de ver cómo se incumplen los derechos que poseen nuestros niños, niñas y jóvenes como sujetos de derecho”.
Las madres no se limitaron solo al reclamo sino que aportaron propuestas para la capacitación, sensibilización y consolidación de las redes con otras organizaciones barriales donde se legitime el saber popular para contribuir en la prevención, dar pelea ante la vulnerabilidad y la exclusión social en la que están sumidas las villas de emergencia. Algunos ejemplos: el Movimiento Madres en Lucha realizó en el 2007 el Primero y Segundo Encuentro Territorial Latinoamericano sobre Riesgo Social para debatir sobre respuestas colectivas ante las adicciones; en diciembre 2010, Bilma Acuña y María Rosa González lograron la aprobación del proyecto de LeyPrograma de Inclusión Laboral para Jóvenes en situación de Vulnerabilidad Social, que contempla que por cada 30 empleados las empresas que contrate el Estado de la Ciudad de Buenos Aires deberían dar prioridad a un joven, varón o mujer, de entre 18 y 30 años, egresados de comunidades terapéuticas, hogares convivenciales, derivados por los programas de prevención y asistencia en materia de consumo de sustancias psicoactivas, y en general de los programas de adolescentes y jóvenes del Gobierno de la Ciudad y de las organizaciones que celebren convenios con el mismo.
En el transcurso de la lucha, las agrupaciones de madres han adquirido recursos o poderes que, en buena medida, son una ganancia simbólica lograda a través de su reconocimiento como una fuente de conocimiento y saber popular. Ellas se convirtieron en el capital social al alcance de las personas consumidoras de droga que buscaban rescatarse, porque a ellas les importaban y los querían ayudar; las madres confiaban en que quienes recibían su auxilio en reciprocidad podría unirse a la causa para a partir de su testimonio crear conciencia en otras personas consumidoras o en otras madres que aprendieron a sobrellevar la adicción de sus hijas e hijos, forjando un beneficio mutuo.

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