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viernes, 19 de diciembre de 2014

“La inseguridad es un círculo vicioso”

Entrevista de Miradas al Sur a Esteban Rodríguez Alzueta. Ex asesor del Ministerio de Seguridad de la Nación. Autor de Temor y control. La gestión de la inseguridad como forma de gobierno, el abogado y magíster en Ciencias Sociales (UNLP) Rodríguez Alzueta revisa un ángulo poco explorado sobre la complejidad de la (in)seguridad.

En su libro Temor y Control (editorial Futuro Anterior) diferencia entre seguridad objetiva y subjetiva. ¿Cómo surge esa diferenciación y cómo lo asocia al “uso del miedo”?
–Seguridad objetiva refiere a casos concretos de ilícitos (robos, hurtos, etc.), mientras que la subjetiva se refiere al miedo al delito. A mediados de los ’90 se empieza a producir en Argentina una escisión entre el delito y el miedo al delito. El miedo al delito, siendo una sensación, no es una ficción porque produce efectos reales concretos. Modifica las maneras de habitar el barrio, de transitar la ciudad; modifica nuestros horarios, reduce nuestro universo de relaciones sociales, nos va encerrando, atrincherando, nos vuelve desconfiados. Ahora bien, el miedo es un sentimiento ambiguo, tiene diferentes usos sociales. Cuando las personas sienten miedo, no siempre pueden estar sintiendo o diciendo lo mismo. Algunos, por ejemplo, pueden estar dando cuenta efectivamente de su miedo; otros, estar manifestando preocupación, es decir, no tienen miedo pero están preocupados por lo que puede sucederles a sus hijos; y otros, incluso, estarán pasándole boleta al gobierno de turno. No hay que perder de vista que venimos de una crisis de representación de larga duración, y cuando los partidos –sobre todo los partidos de la oposición– no representan, no saben cómo canalizar el punto de vista disímil que pueden tener legítimamente otros sectores de la sociedad, entonces esos sectores buscarán otras cajas de resonancia. Y ahí están los diarios o los telenoticieros, donde la inseguridad se lleva las tapas o los temas del día. Por eso cuando un movilero le ponga el micrófono a la gente, éstos dirán que “no se puede vivir más”, o que “tienen miedo a salir a la calle”. A través de la manifestación de su miedo le pasan factura al gobierno de turno, hablan a través de la inseguridad que es el tema que se lleva la atención política. Pero el miedo también tiene diferentes usos políticos. De hecho, y tal vez sea una herencia de la última dictadura, se ha transformado en un insumo político. Yo llamo “gestión de la inseguridad” a la manipulación de la desgracia ajena, a la instrumentalización política del miedo al delito. El temor social es un insumo para la política. Un insumo paradójico, porque vacía de política a la política. La inseguridad se vuelve prepolítica cuando clausura los debates. Una persona atemorizada es un emoticón, un manojo de nervios, alguien que dejó de pensar para indignarse, que no está dispuesta a discutir nada. Cuando cunde el pánico volvemos al estado de naturaleza, somos pura sensación y nos convertimos potenciales linchadores simbólicos. La imagen de una embarazada asesinada a la salida de un banco es una imagen-fuerza de impacto político formidable que será disputada entre los funcionarios y los dirigentes de la oposición. Por eso pienso que a través de la inseguridad se propone una política sin sujeto. Cuando se agita el fantasma de la inseguridad, que es el fantasma al “pibe chorro”, lo que se nos está pidiendo es que regresemos a casa, nos encerremos, y le dejemos a la policía hacer las cosas que dicen sabe hacer. La inseguridad es antipolítica, porque desautoriza los debates colectivos. Ante el dolor del otro, la acción cívica correcta es la indignación y la condena súbita. Y cualquiera que levante la mano corre el riesgo de ser referenciado también como parte del problema, y ser descalificado como “garantista”. Es más, con la distinción entre el delito y el miedo al delito se duplicaron los problemas para cualquier gobierno puesto que, de ahora en más tendrá que dar una respuesta frente al delito y otra frente al miedo al delito. Esto que al principio parece un mayor problema es el punto de apoyo para “matar dos pájaros de un tiro”. Me explico: cuando los gobiernos no quieren, no pueden o no saben cómo resolver el problema del delito, pueden sin embargo presentarse como campeones frente al miedo al delito. La saturación policial, las políticas de prevención situacional a través de la policía local, la videovigilancia, la multiplicación de cuadrícula y patrulleros en la calle, no tienden a atajar el problema del delito sino el miedo al delito. Los funcionarios saben que si se fue exitoso en la respuesta frente al delito habrán escondido el problema del delito debajo de la alfombra, y con eso alcanza para ganar las elecciones o mejorar la imagen pública. En la Argentina sobran ejemplos al respecto.
–¿A qué se refiere en su libro con “catarsis social: inseguridad y resentimiento”?
–A través del miedo al delito, los miedos abstractos se vuelven concretos, adquieren un rostro y un lugar. Porque no hay que perder de vista que en los ’90, cuando ya se estaban resintiendo las consecuencias del neoliberalismo, uno tenía miedo a perder el trabajo. Y cuando uno puedo perder el trabajo de un día para el otro tiene miedo a no poder pagar la última cuota del auto, a no poder pagar la tarjeta de crédito, el alquiler, tiene miedo a no poder seguir pagando la prepaga, la escuela o la universidad para sus hijos, miedo a perder su estatus de consumo, a perder el estilo de vida y la identidad asociada a ese trabajo. Ese miedo que viene de todos lados genera angustia y hay que calmarlo de alguna manera, y la manera de hacerlo es cargárselo a los actores más vulnerables: los jóvenes morochos de barrios pobres. La aparición del “pibe chorro” es la consecuencia de estos procesos de estigmatización a través del cual se transforman a determinados jóvenes en chivos expiatorios. Por su puesto que esta figura aparece en un contexto de aumento del delito callejero, pero las palabras que se destilan para nombrarlos son consecuencia de sus propios fantasmas, de prejuicios de larga duración, puesto que abrevan en las figuras del “cabecita negra”, por ejemplo. Entonces, lo que se hizo a través de esta catarsis social, es asociar el miedo al delito, es decir, desvincularlo de otros procesos sociales, de la crisis económica. Lo que se hizo fue, además, asociar el miedo al delito a determinados delitos, a determinados actores que son referenciados como peligrosos, productores de riesgo....
http://www.infonews.com/2014/11/30/politica-174713-la-inseguridad-es-un-circulo-vicioso.php

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