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viernes, 9 de mayo de 2014

EDUCACION Y LA INSEGURIDAD...

La inseguridad y la educación

Ante el recrudecimiento de los problemas de inseguridad y, más recientemente, de violencia, las miradas empiezan a volverse paulatinamente hacia la educación. Se empieza a tomar...
Receta. Las políticas educativas pensadas a largo plazo son el reaseguro para construir una sociedad más justa e igualitaria. El autor propone un pacto social donde participen todos los actores sociales: padres, cooperadores, sindicatos, ONGs.
Ante el recrudecimiento de los problemas de inseguridad y, más recientemente, de violencia, las miradas empiezan a volverse paulatinamente hacia la educación. Se empieza a tomar conciencia de que es imposible encontrar una solución real, duradera, con la adopción de medidas de emergencia que, siendo necesarias, no actúan sobre las causas de la enfermedad sino sobre los síntomas. Recurrir al sistema educativo es correcto. La cuestión sin embargo, es recurrir al sistema educativo ¿para hacer qué?
En la Cámara de Diputados de la Provincia presentamos un proyecto de ley que plantea devolver a las escuelas la articulación con su matriz social, mediante la creación de un Consejo que, de manera participativa, se ocupe del planeamiento y la evaluación de las políticas educativas. La propuesta surge de la necesidad de involucrar a toda la ciudadanía en la tarea de construir la educación que necesitamos, porque ninguna política podría mejorar sustancialmente la calidad educativa —y mucho menos resolver los problemas que derivan de sus déficits- mientras se mantenga abierta le brecha que se abrió entre nuestra sociedad y las instituciones donde se educan nuestros hijos.
La idea se apoya en diferentes experiencias internacionales, pero fundamentalmente en la propia experiencia argentina, que durante años fue señalada como un ejemplo a nivel mundial por la calidad y capacidad transformadora de su sistema educativo. Basta recordar algunos datos: En 1869 nuestro país tenía 2 millones de habitantes y un 75 por ciento de la población era analfabeta. Para 1960 ya éramos 20 millones, de los cuales había 12 millones que eran inmigrantes o hijos de inmigrantes llegados de Europa. En menos de cien años nuestro sistema educativo permitió hacer un solo país con todas esas culturas, tradiciones e idiomas diferentes. Pero además, la Argentina se hizo líder en tecnología agropecuaria, inició la explotación de sus recursos naturales, sustituyó importaciones con industrias propias y educó en sus universidades públicas a tres Premios Nobel en ciencias y a dos Premios Nobel de la paz.
Tenemos numerosos antecedentes de aquella fructífera relación que la escuela tenía con la ciudadanía. Pero en la dictadura de Onganía, y luego en el Proceso, se produjo una drástica ruptura mediante el cierre del Consejo Nacional de Educación y las persecuciones a científicos, docentes y alumnos. Educación y sociedad perdieron a partir de allí su interrelación y estamos sufriendo las consecuencias. Hoy no necesitamos tanto hacer una revolución educativa, como recuperar las herramientas que, antes del autoritarismo, nos permitían definir y abordar colectivamente sus objetivos.
Con esta convicción, durante más de un año hemos recorrido Santa Fe y visitado a sus principales actores económicos y sociales. Todos compartieron el compromiso de asumir su responsabilidad en la educación aportando la experiencia y la mirada de cada uno en la definición de las políticas. Precisamente, el Consejo Social de Planeamiento y Evaluación Educativa que proponemos crear, debería garantizar en su integración, la presencia de todos los sectores sociales, de todos los rincones de la provincia y de sus fuerzas vivas. La misión que tendrían en el organismo, se centrará en planificar acciones que permitan integrar las diferentes realidades socioeconómicas de la provincia fortaleciendo la equidad y la cohesión.
Actualmente predomina lo contrario: enorme desigualdad social, ausentismo y bajo rendimiento escolar, cultura del trabajo debilitada, desprecio por la ley y las normas de convivencia, contaminación ambiental y, sobre todo, la apelación a la violencia en la escuela, en la calle, en los estadios, en los boliches. Todo está estrechamente relacionado, porque perdimos la capacidad de vernos como parte de una misma realidad. La fragmentación cristaliza las desigualdades y genera conflictos. Solamente cuando la educación vuelva a ser responsabilidad de todos, se recuperará como herramienta de cohesión social y de crecimiento.
Está claro que no hay ninguna posibilidad de tener políticas educativas exitosas que no sean de mediano y largo plazo. La educación no puede estar sujeta a períodos gubernamentales, porque sus procesos exceden los plazos de gestión de los gobiernos. Por eso proponemos que la política educativa deje de estar en manos de los gobiernos para surgir de un pacto social educativo donde participen todos los actores sociales: padres, cooperadores, sindicatos, ONGs, iglesias, empresarios, y de todos los niveles sociales. Necesitamos una educación con metas a 10, 15 años, y que luego se cumplan sea quien sea el que esté en el gobierno durante ese tiempo.
Si no lo logramos estaremos comprometiendo el futuro, porque la educación adelanta el futuro. Si queremos una sociedad mejor, más cohesionada y más segura de aquí a 20 años, tenemos que abordar ya este espacio donde trabajar para una educación de mejor calidad para todos. Proponemos el Consejo Social de Planeamiento y Evaluación de la Educación porque debe ser el ámbito donde concertar el Pacto Social Educativo que nos comprenda a todos.
http://www.lacapital.com.ar/opinion/La-inseguridad-y-la-educacion-20140508-0014.html

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